
Me ha escrito Jorge Carrol, dice que está bien, luce además un nuevo look que le da porte de sobreviviente airoso y dicharachero, lo percibo tan crecido y expectante como siempre lo había supuesto y a sus nada menos que 76 años, el bueno de Carrol, continúa al frente de la Red de Bibliotecas Landivarianas, de la Universidad Rafael Landívar, “de esta isla-contra-natura que es Guatemala” en sus propias palabras.
Se advierte en Jorge la sal de los años, noble como la buena madera, curtido en abriles y estaciones se aprecia además su cualidad de poeta goteándole los ojos y la mirada inmersa crecida en sus raíces.
Se me podrían escapar palabras, algunos elogios a causa de la admiración; o podría inventarle una canción o algunos versos, pero solo puedo decir que se me detuvo el tiempo mientras leía su mensaje, que mis ojos volaban entre las líneas del texto y que la dilatación de mis arterias, el tórrido sofoco, no era provocado de manera exclusiva por el sofocante calor de agosto.