CITA A CIEGAS
Pactamos para vernos el piso 85 del Empire State.
Tenía que ser de noche y con capucha
para que un encuentro de tales dimensiones
tuviera repercusión histórica,
sirviera de punto de inflexión,
un turning point -dijiste-.
Tú quedaste en llevar como señal
una leve sonrisa y los ojos muy grandes.
Yo, mi inefable figura de latino
educado en las islas.
Algo extraño ocurrió, pues no nos encontramos.
O tus ojos no eran tan grandes como decías
o el carácter isleño me pudo demasiado
y no pensaste que aquél podría ser yo.
Sin descartar del todo que,
en una reflexión más ponderada,
hubieras decidido no dignarte
a exponer tu sonrisa candorosa
al primer extranjero que intentaba
ganarse tus favores sin más metas
que un intercambio angelical de altura.
En fin, no fue posible
un encuentro pacífico en las nubes,
un abrazo cordial entre los genes
con King Kong celebrando
la alianza de los pueblos.