Quien te avienta hacia mí
cada vez que hablas por inercia
desde el limbo,
me quiere muerto.
Soy un sordo profesional,
una horca suave,
caricia férrea
señal post mortem de vida.
Eres la última gota,
amanecer sonoro
de mis recuerdos
vencidos.
Forlon.
La gota del acíbar de tu boca
se va quedando negra en mi memoria;
tal vez se convierta en triste escoria
o resuene en mi sien, que ya es de loca.
Yo sé que esta mi rima te provoca
y me provocas tú con esa noria
repleta de amarguras, zanahoria,
que me pone a escribir y me desboca.
Las palabras me fluyen cual arroyo
y me matan la sed en los mutismos
que ensombrecen mi voz alquitranada.
Apenas balbuceo con embrollo,
olvido que escribir tiene sus sismos
cuando quedan las palabras atoradas.
28 de junio de 2009.
Luciana Rubio