jueves, 09 de febrero de 2012  
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Antología de poemas de "Lo esencial es invisible a los ojos..."
Último Mensaje 16-12-2008 09:01:39 por jimlasierra. 0 Respuestas.
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JimlasierraUsuario OffLine Nuevo Miembro Nuevo Miembro Enviar Mensaje Privado Posts:1
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16-12-2008 09:01:39  

LA EFIGIE

 

Ululaba el aire entre los cipreses

contorneando las hojas,

crispando las ramas

de sus enhiestas copas.

Se mecían tétricas

en un tañido angustioso,

clamando al cielo

en constante letanía.

Tornárase ese zigzag,

en la convivencia sosegada

entre sus grises sombras

en las sobrias construcciones.

¡Mausoleos!

¡Sepulturas!

¡Nichos!

Que a sus pies yacen,

en infinita soledad

con la muerte.

 

 

Desde un alto pedestal

siempre observante,

arropada en una esquina,

una efigie resalta

por el tornasol

de su arqueada silueta;

ocre ornamento

en este encrespado paisaje.

 

El gélido viento

fluye kamikaze,

por las vacías calles.

Sobre la figura se arremolina,

penetrando entre sus metálicas vestiduras

al interior de sus entrañas,

haciéndole estremecerse,

tal que por un momento

su cuerpo toma vida,

despertando de su muda existencia

y un tenebroso alarido

de su boca nace

confundiéndose con el ulular del aire.

Se enlazaron la vida y la muerte,

para volver a morir

en el embrujo de una tarde.

 

 

 

 

MOMENTO PRESENTE

 

Extasiado momento

que la soledad imprime

en este apretado tiempo

la vida se extingue.

 

Grises sinsabores

en su telaraña teje

la febril melancolía

de una falsa existencia.

 

Detenerse no puede el reloj

que, prendido en su eje,

desmenuza a latidos

el silencio que impregna.

 

Pues tras el murmullo

que despertar no puede

huyen vacíos los recuerdos

de su mortal asecho. 

 

                                                     Atrapado en este maraña,

ya herido languidece;

de sus entrañas deja escapar

un quejido.

 

Cuando moribundo

llega a su cenit;

y se pierde en la nada,

el espíritu de ese momento

surca el espacio

y en el tiempo une,

un ahora, con un después,

una línea del presente

que existió y se fue.

 

 

 

 

 

 

LA CARTA

 

Cogí una cuartilla

y una pluma,

de tinta ya gastada,

para escribirte una carta.

me corté la yema de un dedo

y del carmesí

que de la incisión brotara,

la pluma fui empapando.

 

El corazón, en una arritmia

desbocada,

salir de la piel quería

en cada latido;

el cerebro fue confrontando

los sentimientos,

ordenándole frustradas sensaciones,

en un intento de manifestar

lo inexpresable.

 

 La roja tinta fue manando

desde la herida,

confundiéndose en el papel,

dejando en cada renglón

trazos de mi existencia.

 

Llegando al punto final,

la pluma extendiera la firma

de este escrito tan extraño,

que a tus manos algún día llegará.

 

A la lectura de esta carta,

el iris de tus ojos

irá extrayendo cada palabra

y, a la misma vez,

la rosa que imprimiérase

en la blanca celulosa florecerá,

fluyendo para filtrarse

por la epidermis.

Se mezclará por las venas,

llegará hacia tu corazón,

a tu cerebro, a tu pulmón

invadiendo todo tu ser.

  

Esa sangre que derramará

y usase para escribirte,

Mantendrá un breve diálogo;

en la intimidad de la distancia

se desnudarán los sentimientos

e irás descubriendo,

entre los pliegues de tu piel,

lo que tu corazón calla

y siente por ti.

  

  

 

EL VIEJO LOBO DE MAR

 

A un nuevo puerto

llegó el pequeño velero,

después que, vagabundo,

permaneciera en el destierro,

recorriendo  mares y océanos

de un extremo a otro,

sin que el timón

tomara un rumbo concreto.

 

Tras un largo día

en el que la niebla

se posara lúgubre

cubriendo las suaves olas,

que lo columpiaban.

 

Cansado El Viejo Lobo de Mar,

de contra el mar luchar

para salvar su vida,

la paz le llegó,

dejando la quilla

de dar cabezadas

sobre las onduladas aguas.

  

La niebla su gris manto

poco a poco

fue levantando,

y las tímidas láminas

de la luz

alumbraron el horizonte

una, no muy lejana

tierra.

 

A la que puso rumbo,

dibujando blancas estelas;

todas las velas desplegó

para dejarse llevar

por un viento moderado,

sobre el pequeño velero

hacia un nuevo puerto.

 

 

 

 

 

 

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