LAS VUELTAS QUE DA EL MUNDO
Clausurado el estío el sol recoge
Las últimas querencias y se pierde,
Nostálgico, detrás de un montaña,
Y hace balance y, bueno, se consuela.
Los hombres de cartón apelmazado
Se despojan del plástico y laboran
Un hábitat propicio en los rellanos
Y huecos de las calles señaladas.
Comienzan a pensarse las cigüeñas
Qué campanario rescatar del frio,
Dónde poner las plumas que desprenden
Sus cuerpos poco dados a la gloria.
En qué charca de otoño situar solicitudes
De expertas temporales en la práctica
De hacer del pico un lazo amenazante.
Buscan entre los pájaros consuelo
Las hojas destinadas al olvido,
Que observan cómo el paso de los años
Hace estrago en sus pupilas verdes,
Surca el limbo de heridas insufribles,
Arranca los peciolos de los tallos,
Y precipita su morir constante
Bajo el peso fatal de las pisadas.
Se abriga el mes de octubre presintiendo
Un temprano dolor de reuma atado
Al corazón de su primer latido,
Al tedio que provoca el ritmo lento
De gélidas miradas que murmuran
Maldiciones lanzadas sin destino.
Dado por la costumbre al rito de hibernar
Mi cuerpo pierde altura y entusiasmo,
Se refugia de nuevo entre los deltas
Placenteros y suaves de tus muslos.
El resto es una espera de cristales
Sabedores y expertos en el arte
De reflejar en todas direcciones
El duro acontecer de las especies
Por ese largo puente que conduce
Al hielo y al silencio prematuro.