
He anclado mi barco, arriado las velas,
ya el mar no le llama
aunque lo lleva.
He arriado las velas, pero el barco flotaba.
Ya el mar no le asusta,
está en paz en el agua.
Su amarre está limpio
y la quilla cubierta
para que los crustaceos
no mancillen su cuerpo.
Todavía las olas lo balancean,
pero todo transcurre en silencio de espera.
He anclado mi barco en el muelle pequeño,
junto al rio de antaño,
cerca del mar abierto;
y contempla las olas en lejano tronar
que azontando las rocas vienen y van.
He anclado mi barco junto al monte de ensueño.
Donde el rio se vierte por entero en el mar.
Lo contemplo con gozo,
percibiendo en mis sueños,
ese canto del viento que me acerca
a la paz.
He anclado mi barco;
pero aún puede bogar...