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Busca el mar y ponte a la espera
de la ola que pasa;
como a la vida, como al nacer, como a la muerte.
Escapa de las horas moribundas
enfundado en espuma regalada
por el viento.
Del sur, viene el ardiente Noto del Sahara
empolvado.
Del norte, el Boreas tormentoso del
frío y de la nieve.
Del este, el Euros cálido y fogoso
arrastrando columnas de viejas ciudades y gentes.
Del oeste, el Alisio nuevo y retumbante
que lleva olor a guayaba, café y deleites
de tierras vírgenes y antiguas
abrasadas por soles inclementes.
Súbete a la ola y saborea su rastro
en la vertiente de la playa donde mueren
los vientos que las forman
y, las dejan ungiendo con besos las arenas,
entre quejidos de truenos angustiados
y, el suave deslizarse sin esfuerzo
en los primeros hogares de la tierra.
Vuelve el rostro hacia el mar, donde renacen
las ondas del agua impenitente
sin asomo de surcos ni semillas...
Y allí, la libertad... será tu suerte.
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