Inicio de luceros que sembraban de nubes
tu sensación de vida.
Te acogiste a la noche con el sol repartido
en tu espalda.
¿Tan difícil estaba volver tu cuerpo hacia donde fluía
de manera cálida tu luz y la mía? .
¿Qué buscas en el sótano oscuro de tu culpa primera
que el resplandor grácil de la primavera no traiga consigo?.
Escondiste tu ser en la sombra de un Hades
de proporciones bíblicas.
Sin volver la cabeza hacia la abundancia de gracia y cobijo
que el Señor de las cosas reparte a su amigo.
No te dejes llevar por tu trampa de besos
y no busques la calma en deseos cumplidos.
Eres lanza del tiempo que orada la espesura
del mal con que el mundo adorna su locura.
Mi deseada amiga, mi calma, mi cordura.
Deja errantes los tiempos de antes y tus culpas
sólo llena tu alma del amor que te han dado,
y no llevas las dudas al lugar donde sufras.