Mi corazón
da tumbos por la calle,
despacio, cansado,
pongo los pies
uno delante del otro
y juego a no perder el equilibrio
sobre el bordillo de las aceras.
Los coches me golpean
con su viento inventado
ante la velocidad de sus ruedas.
Espío conversaciones
(no se porqué,
la gente habla siempre a gritos).
Alguien insulta
a un conductor desaprensivo,
un guardia charla con otro
en la siguiente esquina
y yo,
sigo mi camino
con teorías del amor
suicidándose desde los balcones,
las migas de la ilusión
cayendo de los bolsillos
como luz que se agota lenta
desde unos ojos vencidos.
Vaya,
otra vez el semáforo
con su monotonía:
Verde, rojo y amarillo.
Carlos Gargallo (c)