Lleno de otoño voy por el tiempo.
Camino errante
la lenta noche de mis años.
Los silencios son de bronce y marfil.
La ciudad es un niño dormido en mis palmas.
Las calles se limpian el ardor
de su piel adoquinada.
Solo yo y mi otoño a cuestas,
mi otoño pedregullo en el pecho, mi otoño
como hielo o dagas o estupor. Y la luna,
la luna que ya no es un estanque de almas blancas.
Un tibio trazo de luz se gesta en el negro.
Vanguardia tibia del alba, punta de flecha
de otro día entre tantos.
Inevitable es
detener el poderoso oleaje de tu ascenso,
petrificar el instante para que los rayos no hieran, no ultrajen
el inmaculado lienzo de estas sombras.
No nazcas sol,
no crezcas incendiando el misterio.
Hoy no quiero amanecer con tu canto.
Hoy quiero ser noche eterna.
¡Oh brillantes bocas de fuego
besadme la muerte que me pesa!
dadme un respiro y seguiré muriendo.
Fermín Lasarte