COMPAÑEROS
De cara a la pared donde los sueños
los compañeros afligidos rezan
que es como ir desgranando contra el blanco
la frustración que guardan en las sienes
tiernas como los brazos de la amada
que fue a volar y nunca más se supo
La amada fue a volar entre cristales
y en un descuido se quedó enredada
de cara a la pared como madera
comida en pleamar por las nereidas
que pueblan vigilantes la linde a medio hacer
de las desgracias que afligen a los compañeros.
¿Qué tiene la aflicción que yo no tenga?
¿Cuál es exactamente el límite de pena que soporta
un cuerpo en pleamar desesperado?
¿Se ha medido eso, se puede comprobar,
tiene el dolor alguna luz que avisa?
Tiene el dolor alguna luz que avisa
cuando se alcanza exactamente el límite
y ya la pleamar lo abraza todo:
abraza los pulmones reventados,
los ojos que han salido sin permiso,
los extenuados brazos de la noche,
¿Abrazará la pleamar los sueños
de los compañeros que ahora rezan
de cara a la pared como si nada?
¿Será la oscuridad la vencedora final
de esa extenuante batalla con las olas?
Los compañeros de cara a la pared
buscan en los recuerdos y se encuentran
un nido de jilgueros derramados
que alguna vez domaron al cielo enfurecido
y cruzaron el mar de cara a la pared como si nada
para después quedarse sepultados, huérfanos
entre alambres y borrascas de cara a la pared
donde los compañeros penando por la amada
rezan mas sin pedir explicaciones.
¿Rezan más sin pedir explicaciones
de cara a la pared, desfigurados,
testigos inocentes del abismo donde la noche
se comió los sueños?
¿Y será por eso que los compañeros rezan?
¿Estará para eso la pared como un sino?
¿Será ese su misterio, su última cualidad?