¿Será crónico el hiel mordisco del lobo?
¿Podrán sanarse las malvas de mi jardín de luz,
o es que ya se me ha muerto todo blanco?
Hoy refulgen los prados de lo oscuro,
hoy hierve el barro
y se hace asfalto la verdura.
La carne es más carne,
el hueso es más hueso.
Hoy los ojos sudan siglos de letargos
y redimen su sed.
Es su hora, es la hora de ver con un crisol de tierra;
es el tiempo del negro que bulle
y besa toda visión.
II
Extraversión:
Almas carcomidas, enroscadas en los órganos,
autentica voluptuosidad de las selvas,
masas de sangre devorándose las mascaras,
lenguas cavando las tumbas de sus bocas
y sus dioses,
cánceres florecientes
que corretean entre palabras de rigor,
lascivia en labios de goma, gentes
huyendo de sus cadáveres.
A menudo sonrisas, vestidos, voces, gestos, parvas,
silencios, coitos, humos, iras;
a espaldas de sus mareas, de sus fuegos originales,
de sus vestíbulos azules.
Introspección:
Una bruma sombría avanza sobre mis trigales,
una poderosa ola de cuervos inunda mis jóvenes poblados,
la hierba se me abruma con la noche,
y la nieve se me cocina con el día.
El veneno dentellado galopa en las venas
y cultiva tumores en las fresas de mis vientos,
mis aguas se hacen hierro, se derriten mis peces,
la fiebre desafina mis arpas
y solo retumba el paso del río ahogando la paz de los cantos.
III
Es el desplome de todo lo virgen,
de todo lo casto,
ya nada queda en mí de impoluto, de brutal.
El mundo es preconcebido, licuado, numerado,
mis dientes no soportan masticar la carne cruda del universo,
por eso tengo dos leones custodiando mi rostro.
De lo puro
solo resistirá una bóveda de niño
recostada sobre las manos de una corona de espinas,
y un fresco puente de plata hacia una matriz de seda.
Todo otro lirio perecerá.
Fermín Lasarte