es comprensible que después
de cientos
de millones
de latidos
-segundos derrochados-
toda esta tensa
y extensa vigilia
-sinapsis malquemadas-
verbos apenas audibles
bailoteando
en este pentagrama sin formato
de medias luces y horas avanzadas,
tenga la feliz ocurrencia
de intentar dislocarme el iris
y elevarlo con esta grúa color grafito
(abandonada desde febrero, supongo)
por encima de los edificios,
de los techos salpicados que nada me dicen,
de lo poco o mucho que pueda acordarme
y también de los compromisos, los afectos, lo cotidiano
para poder ver
y tener la certeza por esta única vez
de que ése es el olor del olvido
y que
al fin de cuentas esta fábula
-moraleja a duras penas reconocida-
no fue más que un crédito insuficiente
efímero
aliciente por cierto
que despega una mueca a medio trazar
reducida sonrisa devenida en nostalgia.
todo esto
es perfectamente entendible, lo sé.
y a vuelo rasante atraviesan
tanto el temor a que den en el dígito
como el riesgo a que este desangre
cumpla la ceremonia,
me contradiga una vez más,
y vuelva a integrar esta serie trasnochada
que, francamente lo admito,
no creo que se agote así nomás.
hoy puedo ajustar el silencio
un grado abajo
y sentarme a beber este cóctel
que todos rehúsan.