TEMPESTAD
Ahora que se abre el cielo y se aceleran tus pasos por el mundo,
y el canto multiplica su sentido y gira sin mirar al horizonte
y el estampido de caballos ciegos hace mella en el sol
y todo pende de unas manos tiernas abiertas a la vida
es el momento pródigo en que el grito adopta formas nobles
y hace valer sin género de dudas la preeminencia de su manifiesto
sobre esquirlas dejadas en las fosas por los adictos a la podredumbre.
El momento crucial donde reposa la base coronada por la altura,
epilogo final y agradecido a tanta impunidad, tanta vileza.
Yo vine a hablar de amor, no se te olvide.