CAMPO DE BATALLA
Supe al instante que tu ejercito
en posiciones ventajosas
ponía en peligro y asediaba
mi corazón desvencijado.
Decidí entonces disponerme
para un combate decisivo
y con mis tropas desarmadas
subí de noche a la colina
donde tus ojos insondables
eran un muro inaccesible.
Pero noté para mi suerte
que el flanco izquierdo de tu cuerpo
estaba poco protegido
dado a querencias y memorias.
Lancé mis artes y estrategias
hacia ese flanco abandonado
y fue sencillo hallar un hueco
para infiltrarme en tus cuarteles.
La luna estuvo todo el tiempo
acompañando mi osadía
y con su luz hizo evidente
el subterráneo hasta tus pechos.
Cuando quisiste darte cuenta
de que tus fuerzas peligraban
yo atravesaba apasionado
el laberinto de tus muslos.
Después, vencida y sin recursos,
fuiste a mi tienda de campaña
con la bandera de tus labios
para firmar sin condiciones.
Supe, no obstante, que aquel triunfo
tenía sus límites exactos
en el poder insuperable
de tu mirada sibilina.
Y comprendí pero muy tarde
que aquella fama de estratega
tenía en tu clara inteligencia
la base firme de los hechos.
Te traspasé mis territorios
y abandonado en campo estéril
languidecí cual languidecen
los diletantes y confiados.