Hay pecados sin condena.
Lujuria sobre el asfalto de las palabras.
¿Acaso quisimos ser flor en el desierto
...rosa en el aciago jardín de la tempestad?
Remisión sin dolor.
Tras el vuelo, la gaviota
reposa su acento en la roca.
Alguna marca dentada sellando mis hombros;
sin más espina en mi piel que su piel sin espinas,
barro fresco, arena y sal entre el cielo y el mar
abrazado por las siete estrellas de la Osa Mayor
coronando el horizonte en señal de respuesta.
Al dictado del vino asoman estas letras
para provocar la razón y el juicio.
Sin más blasfemias ni cogorzas
me pronuncio sobre la espuma
en el azul de mi sueño donde tres gatos tres
aparecen en la puerta de una ermita, mi ermita,
invadiendo mi sueño de paz hasta
sortear la noche sumido en las nueve melodías, nueve
refugiando mis credos en las emociones del árbol
¡No existen gatos azules!
...me encuentro al fin !!
Al compás del calorcillo que provoca
el vino, blanco Barbadillo joven, algún
acento dejará escapar su pulso, su espasmo
y el cáliz
quedará en conjuro sellado por el viento y el tiempo
Del poemario colectivo Odaldecir Nº 1 (Ediciones Odaldecir. Buenos Aires. 2003)