Llora Oaxaca
Barro bendito, hoy quisieras llorar aún transformado en preciosa alfarería, en lo verde y en lo negro en que matizas tu estructura.
Belleza sin igual, en la figura estética de la aguadora, que con elegancia, carga su cántaro en los hombros y orgullosa, se hornea al calor de los hornos en Oaxaca.
Sus jarrones preciosos y sus cruces, sus floreros, sus ollas, sus palomas, hoy deben de llorar en cielo oscuro.
Aún las manos del indígena entrelazan los cestos, las canastas, hoy quisieran llorar con sentimiento por su tierra, ahora pisoteada.
Rebozo de color y de elegancia, los telares hoy pierden su bonanza, manteles de colores, tapetes de lana y de esperanzas.
Muñecas de trapo con listones, sus trenzas se desatan con infinito dolor en añoranza, de los tiempos de feria y de alegría.
En el orgullo al pronunciar su fiesta basta, Guelaguetza, hoy mueres como mueren los portales, hoy lloras como lloran las campanas, y tu virgen de Juquila está triste, y piensas: porqué tanta represalia?
Tu que eres orgullo de tu raza, del hombre indígena que fue tu hijo, benemérito de paz y del derecho, que enseñó que Oaxaca es tierra y barro, orgullo y por valores resguardada.
Vestido bordado de bellos coloridos y encajes, tus collares de reluciente y hermosa filigrana, canasta de mil flores, Oaxaca abandonada.
Llora pues con dolor y grita altiva, basta de llenar de odios, de saquear esta tierra, que hace llorar y despedaza, la paz y el alma.
Llora por el olor de sus cocinas, de las especies, del sabor del mole, de sus hijas, de sus hijos, por la verguenza que hoy empapa su morada.
Por su raza que hoy manchan los que quizá no entiendan que a pesar de que te sabes pobre, Oaxaca, tierra de barro, indígena que canta en Mixteco y Zapoteco, tiene orgullo, orgullo puro y febril.
Déjala, déjala en paz y que vibre en su pureza inmaculada.
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