¡Agur!
Ofreces una patria oscura,
para mi alma, en tu cuerpo
y en esa residencia erigiré
un altar sangrante
para inmolar tu nombre.
Sólo contaré mis secretos a los fantasmas
y evocaré lejanías que tu olvidaste.
Nadie podrá, jamás,
envidiar esta angustia sublime;
nadie, amor, te celará ahora.
Podrás inventar paisajes sombríos
para delimitar tu morada.
Yo huiré dejando mi alma
residente en tu albergue.
Un eco lejano repetirá insistente:
"Todo está consumado"
Mas yo olvidaré llorar,
porque jamás lo hice.