De Luna a Mujer.
“Así es que ahora
te las quieres dar de poeta”
Me reclama mi conciencia
que todo me critica
No sé, le digo, sin mirarla
de frente realmente
Quiero decir algo.
“Primero muerta” , me responde
interponiéndose a mi paso
como siempre desafiante
“Y… ¿Se puede saber
qué es lo que tienes que decir
después de todos estos años?”
Pregunta con descaro.
“Más de algo”, le digo
poniéndome de pie.
Agarro papel y lápiz.
Algo arguye
en ese preciso instante.
Trato de ignrarle.
“No te vas a desprender
de mí tan fácilmente”,
sentencia.
Su convicción me molesta.
“Lo tuyo no son las letras”,
continúa, sin darse por vencida.
iAléjate! Le ruego
Me estás agobiando.
Pero allí sigue ella
de punto fijo,
manos en jarra
pendiente de mí
es mi sombra.
De nada me sirvió
saltar de un continente a otro;
porque, hasta acá se coló
de contrabando
es hora de desterrarle, pienso,
y sigo escribiendo con afán.
“Pecarás de ingenua”
me provoca una vez más
&ldqo;Inmediatamente
se percatarán
que no eres para esto,
no atenderán tus versos
porque ellos, los con
dedos para piano
los contarán
y no cuadrarán.
Quedarás en ridículo,
Menos considerada
ya lo verás.”
En eso
escucho una canción
una de aquellas pegajosas
empezando los setentas
e inmediatamente
me transporta
a un ensueño:
veo a la niña dócil que era
de carita pálida, ovalada,
simétrica
pelo liso, castaño,
con chasquilla pareja&t;/span>
sujeto en dos chapes,
ojitos café,
risueña,
ingenua jugando
en el fondo del patio
de mi casa rosada
de dos pisos
con una vara larguísima
cortando entusiasmada
las ciruelas amarillas
de los abundantes racimos
que colgaban
maduras, dulcísimas
desde el otro patio
¡Divino tesoro!
Sumado a eso,
nuestros dos árboles
paralelos,
nobles,
ancianos,
con aroma a prisa
peludos duraznos
todavía verdes
a medio comer
por el suelo regados
y que por milagro
dejáramos madurar
alguna vez
curiosas e impacientes
las tres hermanas
antes del verano;
en tanto
mis padres y “la mami”
( “abuela” no le gustaba)
invisibles, silenciosos
a la hora de la siesta
¡Oh qué tiempos!
Nada que ver
con quien más tarde
A los catorce años
literalmente
era un esqueleto
resistiéndome a ocupar
un sitio en el planeta
cegada por la avaricia
más absoluta del cuerpo
ocultando un tesoro
muy secreto,
consistente en calorías
no en monedas,
tampoco ciruelas.
Pasé frio
como nadie tiene idea.
Allí estuvo la misma conciencia
haciendo de las suyas
mostrándome
distorsionado el mundo
incontrolable y barrigón,
yo, con un inmenso temor
de parecerme a él.
Así fui cambiando
de niña creciente
a poseida nueva mujer
éramos distintas
una contra la otra;
sin embargo,
en aquel entonces
Yo confiaba en ella.
Fue cuando mi vida
se desprendió en dos pedazos