jueves, 17 de mayo de 2012  
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Rubén Falconi
Último Mensaje 31-12-1899 11:00:00 por . 0 Respuestas.
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17-01-2008 11:05:50  

 

Dos enfermeros apresan al daimon que me controla: desconecta redes nerviosas y corroe mi materia gris hasta dejarla pulcra como el óxido. Trato de avisarles de la serpiente que Juno ha colocado en ésta cama pero por mi lengua corre el veneno delirante de Medusa. Los guardias me colocan la túnica de Neso y meten mi cuerpo inerte en la ambulancia. Caronte enciende el auto. El ruido de la Sirena se me mete a los oídos como el mar y mi consciencia se refugia en el letargo inofensivo de la bestia.

 

Rubén Falconi

 

-Centro de salud mental Dr. Rafael Inglot- anuncia el dintel en los dominios del infierno. Yo imagino el terror que sintió Dante al ver el pantano antes del limbo. Desde afuera, la ciudad se mantiene por el contorno de los dementes. Cruzo el umbral y se cierra en mi nuca la puerta de la entrada. El sonido es un disparo justo al bulbo raquídeo. Navego en el Aqueronte y veo a los paranoicos, los epilépticos y los deformes. Al ver los residuos de dios, mi cara se deforma con la tranquilidad del diseccionado.

 

Rubén Falconi

 

 

Entre las paredes blandas de éste manicomio, me siento a escuchar las notas del río Struma. En el crudo aleteo de sus olas, las almas son atormentadas por una música invisible. Afuera sólo se oye el llanto terrible de las Furias.  –He venido al lugar donde los cuerpos caminan oscilantes hasta el sueño- le digo a mi psiquiatra. Entonces adivino: se ha perdido la ninfa más bella de Tracia en la garganta de Hades y mis temores sólo pueden convertirla en otra sombra que se desliza entre las grutas de mi mente.

 

 

Rubén Falconi

 

 

Mi padre siempre hurgaba en su memoria. Recuerdo haberlo visto tratando de cortarse el hipotálamo. Decía que ese órgano era oscuro como el sueño. Lo sorprendí andando entre pasillos, refugiado en su bata blanca como Hécate en la noche. Antes de la locura, gustaba de escuchar la música del Hades. A la luz del sol, volvía tarareando alguna pieza. El sonsonete era una ola reventándome en los tímpanos. Ahora entendo que esas melodías descomponen la música del alma.

 

 

Rubén Falconi

 

 

A la hora del Daemon Meridianus pude verla.Sus vestidos eran negros, como un rocío de sombras, y su rostro el fulminante resplandor de la noche. Para poseer el mismo aspecto fúnebre, desciendo por las raíces de un Árbol a este hospital. Desde entonces, brotes nuevos crecen a mi alrededor y en cada uno germina un oculto perfume de muerte.

 

 

Rubén Falconi

 

-¿He pertenecido al mundo?- Pregunta la que ha muerto en el Valle del Peneo. -No, jamás perteneciste al mundo. Perteneces a la fecundidad que ha nutrido por siglos a los hombres. Ya el abrir de tus capullos contenía la fragancia de los Asfodelos. Por los tuyos tienen su origen los vivos. Eres dueña de tu propia muerte y en esta muerte, jamás perteneciste al mundo. Cuando termino de hablar, queda el espejo impregnado con una estela de humo.

 

Rubén Falconi

 

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