
En la arena riela el sol que la despierta
juntando destellos esclavos del aire,
en la playa desierta.
Y las olas jugando a ser cometas
alisando espacios con surcos de belleza,
mientras el mar invoca a la dicha terrena.
Solo voy en el trance, con el cielo en la mano,
pisando ya las olas, ya los surcos leales,
mientras canto en mi alma, con antiguos acentos,
los millones de hombres que lloraron al verlos.
¿Cúanto instante encubierto sobre la misma arena,
desde el mismo mar, por el mismo viento?
¿Cúanto amor esparcido? ¿Cúanto secreto muerto?...
La arena se amansaba en la ola que tiembla,
y mi ser la escuchaba con ternura diversa.
Sólo el viento movía el suspirar del tiempo...
Y aún ahora me alcanza... su recuerdo.