CHRISTMAS CARD
Como quiera que el año se desangra
y la nieve por fin lo abarca todo
paso páginas grises y me animo,
no sin dificultad, a ser más bueno
el año que a hurtadillas se aproxima.
Quiero dejar atrás y para siempre
esta cara mortuoria que me encuentro
cada mañana en un espejo roto.
Quitarle trascendencia y dramatismo
poniéndole en los ojos un anuncio:
este de aquí se muda a la alegría.
Dejar que los pesares se suiciden
en la niebla más densa del olvido
y ponga el sol ribetes de sonrisa
a esta boca que nunca se termina,
a este murmullo de palomas rotas,
a esta desalación que el gesto lleva.
Partir así de nuevo a la ternura
sin otra tentación que ser dichoso
perdido en el perfume de las flores,
durmiéndome en tus pechos entregados,
dándole marcha al cuerpo dibujando
figuras imposibles en el viento.
Vivir con lo preciso y esmerarme
en conseguir pese a la edad que tengo
una renovación de carne y huesos,
una oxigenación de los rincones
atorados que llevo en las arterias,
la redención final, definitiva
de penas y pecados cometidos.
Con esa voluntad salgo a la calle,
no felicito más porque no puedo,
renuevo mi vestuario y mi sonrisa,
marco un ritmo de joven liberado
y entono una canción de despedida.
Pero después, apenas un instante,
me llegan, sabe Dios de qué lugares,
tanto dolor y tanta pesadumbre
que cambio posición y ensimismado
vuelvo a rumiar mis viejas maldiciones
como si el año no acabara nunca.