RAFA DEDI
Un poeta puro de nuestra tierra, que sabe interpretar las representaciones del espíritu de forma intimista y sincera, con desnudez de alma y con la riqueza melódica necesaria para que sus versos, uno a uno, vayan calando en la sensibilidad del lector.
Pablo Martín Cantalejo. Director de “El Adelantado de Segovia”. 1987.
RESEÑA BIOGRÁFICA
POEMAS AL CAMPO
POEMAS AL MAR
JÓVENES POEMAS
CORREO ELECTRÓNICO
BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA
RAFA DEDI (RAFAEL DE DIOS GARCÍA) nació en Riaguas de San Bartolomé (Segovia) el año 1957.
Primer Premio “Villa de Leganés (Leganés, Madrid, 1981) con Nací para ser libre; Primer Premio “AGA” (Bilbao, 1984) con Corazones arrecidos; Primer Premio AGA (Bilbao, 1986) con Estación de penuria; Primer Premio AGA (Bilbao, 1992) con Hombres de polvo; Mención Honorífica “Ciudad de Miranda” (Miranda de Ebro, Burgos, 1995) con De los sotos al páramo; Primer Premio “Sindicato Nacional de Escritores Españoles” (1995) con Poemas a las cosas; “Medalla de Oro de San Isidoro de Sevilla” (Sindicato Nacional de Escritores Españoles, 1998).
Incluido en numerosas obras antológicas, es miembro de varias asociaciones y grupos culturales y colabora asiduamente en revistas y periódicos.
Ha publicado los siguientes libros: Poe (1980); Nací para ser libre (1981); Segovia, mis raíces (1983); La promesa (1987); Hombres de polvo (1992); Si no fuera por ti (1994); Poemas de abatimiento (1995); De los sotos al páramo (1996); Poemas a las cosas (1996); Mar azul, mar negra (1998), Rafa Dedi, poemas (2000).
Algunos poemas de su libro Poemas a las cosas aparecen en los libros de lecturas (Calidoscopio, 4º y 5º de Primaria) de la editorial Edelvives.
POEMAS AL CAMPO
El campo
Aquí arriba no tengo
Nada más que a la espiga;
Ancianos, que laboran
Los campos del recuerdo;
Cobijo donde sólo
Mi soledad habita;
El aire, sano, puro,
Y el plácido silencio.
Aquí arriba es abajo,
Según decís vosotros,
Pero yo no comparto
Los platicares vuestros.
Placeres y riquezas
Conozco a lo que obligan.
Aquí arriba es arriba
Por lo bien que me siento.
Respiro sus perfumes,
Escucho sus sonidos,
Camino hasta sus cumbres,
Retorno cuando llego;
Y espero que concluya
Mi vida en estos pagos,
Al lado del arado
Mis surcos escribiendo.
La montaña
¿Qué quedan en los pueblos?
¡Ausencias!
¿Qué quedan en sus campos?
¡Palabras!
Y las hojas, secas, vuelan
Desde el llano a las montañas
Buscando la blanca nieve,
Buscando la nieve blanca,
Que cubre las negras penas,
Que cubre las penas anchas.
En la nieve las ganancias
Y en los campos la pobreza.
¿Cuándo vendrá la montaña
a los pueblos de mi tierra?
********************
Mucho peso y poca carga.
Mucho amor y pocos frutos.
Caminar
Un camino, que se alarga,
De miserias y de lutos.
Campos secos
Donde hay cardos, siembra flores
El labrador cuando siembra
Y, a veces, recoge cardos,
Regados por la tristeza.
Secos esos campos: ojos
De los hombres con sus penas;
Por haber llorado tanto
Y quedarse el alma seca.
Se perdieron en el luto,
Esperando primaveras,
Los honrados campesinos
De los pueblos de mi tierra.
Surco arriba, surco abajo,
Solos en el campo esperan.
Van esparciendo la vida
Por una humilde cosecha.
¡Tantas son las malandanzas
que los pueblos acarrean...!
Sol a sol echando horas
y... ¡es tan mísera su hacienda!
Tantas son... que por amarte,
Sólo por amor, se quedan;
Por tenerte a ti con ellos
Como erial y como vega.
Mi flor
¡Toma, mujer, mi flor: la amapola!
Las rosas son las flores de los otros.
¡Toma, mujer! Como mi sangre, roja:
se la bebió en tu ausencia poco a poco.
¡Toma, mujer, la reina de los campos!
No conoció rosal que la quisiera.
No sé por qué se me parece tanto.
Sí que lo sé: es, como yo, de tierra.
Los niños
Los niños son la sangre venidera
Que regará con sangre nuestros campos.
Los niños son los corazones fuertes
Que latirán encima de corazones lacios.
Los niños son la mano necesaria
Para obturar la herida y embestir con laureles
Al errátil futuro.
Los niños son esas riberas verdes
De nuestros ríos secos.
Los niños son mañana y en mi pueblo...
¡quedan tan pocos niños!
Copla
Como la encina,
Recia y umbrosa
Entre las mieses
Permaneciendo.
Viejo, la encina;
Joven, la rosa;
Viejo, el terrón;
Y joven, el viento.
De viento
Duro terrón: el polvo que levantas
Se lleva el viento.
No quieren ser tus hijos –yo lo entiendo-
Terrón de nadie.
Porque pueden pisarlos o golpearlos
Con azadones.
Prefieren ser de viento, que no de polvo,
¡libres!, los jóvenes.
Se van haciendo espalda
Se van haciendo espalda los pequeños,
Se van haciendo espalda.
Sí, nuestros afluentes ya no quieren
Ser ríos de lo nuestro.
Prefieren encallar en otros puertos,
Se van haciendo espalda.
No les llama la mar de las espigas
A estos marineros.
Le tengo mucho miedo, pero debo
Aventarles un día
Y dejar que se vayan con el viento.
Si se te van
I
Si se te van los hijos y te quedas
Solo, como la era.
Si se te van los hijos, si se marcha
El grano del granero.
Si se te van y tú no quieres irte
Porque prefieres el rastrojo a solas
Que la mies con ellos.
Sí, que la mies con ellos, abundante;
Porque prefieres menos, mucho menos.
Tú te conformas con seguir vertiendo
En tu lugar el resto de tu sangre.
Si se te van los hijos, ya lo saben
Que no te irás con ellos.
Si se te van los hijos de la era
Llevándose tu cuerpo.
II
Y se quedó, la sombra del que fuera.
Ya poca sangre le quedaba dentro.
Su inspiración las amapolas eran
Y, en vez de surcos, escribía versos.
Y se quedó a solas en la era
Para llenarla él con su silencio,
Hasta llegar la hoz que a todos siega
Y en el rastrojo abandonar su cuerpo.
La ciudad
I
Para tus pies asfalto, que no era.
Para tus manos, otras amapolas.
Para tus ojos, que contemplan mieses,
Obras gigantes y constantes gentes.
Gritos sin atender para tu boca.
Yo siempre te diré que te equivocas
En ir a la ciudad por la cosecha.
II
Y por las calles que dejaste a oscuras,
Hechas rastrojo, apenas hay espigas.
Cañas cortadas hay, cañas de paja.
Cañas, que suenan cuando se las pisa,
Pero que al poco, y con dolor, se callan.
Y por las calles hay, bajo la luna,
El sacrificio de las mudas cañas.
Los mozos
¡Qué terrones más fuertes los mozos, y qué solos,
haciéndose notar entre los surcos, sobresaliendo
tanto y tanto
del trágico nivel que la rastrilla
imperante y mandatoria de la senectud impuso!
¡Qué montones de polvo comprimido, irrompible
por cualquier azadón que no sea el del tiempo;
con el corazón roto por falta de lugar
carnal donde ponerle sin que se hiciera daño!
Ni todas las obradas de yermos pedregales,
Cuando sus uñas caven, negárseles podrán;
Yo sufro por sus dedos, débiles, que no hallan
Afirmación de hembra para su soledad.
El regreso
Ha regresado el hijo y la punzante
Barba del padre ara su rostro a besos.
Hoy el pequeño grano soterrado
Entre sus brazos es copiosa espiga.
Todo sudor y hiel sobre su cuerpo
Calándole la piel a su retoño.
Y todo el polvo de su polvo encima.
Y todo el yugo de su yugo a mano.
Hijo, te quiero: eres la semilla
Que necesita el corazón, mi campo.
Bajo el polvo
Bajo el polvo del camino los rebaños,
Bajo el polvo.
Bajo el polvo de la tierra
Los labriegos.
Bajo el polvo levantado
Por el paso de los tiempos.
Muchas casas abatidas
Bajo el polvo de la ausencia
Y, leve soplo de vida,
El polvo de las cosechas.
Esperanza
Y volverán al cerro las endrinas,
Majuelas a las ramas del majuelo
Y moras a las zarzas con espinas.
Y volverán las nuevas primaveras
A sembrar las terruchas y senderos
De verdes esperanzas y acederas.
No lloraré a los niños, ni a los viejos,
Ni lloraré el silencio de las eras,
Ni a las casas caídas de abandono.
Espero todavía los retoños
Que siembren alegría en nuestra tierra
Y cosechen estrellas para el cielo.
POEMAS AL MAR
Yo no navego
Yo no navego, navega
Mi corazón por los mares
Imborrables del recuerdo.
Tú siempre marchas conmigo,
¡siempre!, sangre de mi sangre
y polvo de mi camino.
Me acaricias con tus aguas,
Me defiendes con tus rocas,
En tu aroma me recuesto...
Yo no navego, marino
De ayer, que cambió las olas
Por la playa de tu cuerpo.
No subas a mi lomo
No subas a mi lomo, si no eres
Jinete de reveses con mi monta.
Por mi encanto,
No subas a mi lomo.
Porque me ves tranquila, pero tengo
Arrebatos que causan
Sucesos impensables.
Porque me ves tranquila, pero soy
Impetuosa si los vientos me lo ordenan.
Porque me ves tranquila, pero...
¡ay, si me supieras!
Si subes a mi lomo, ven dispuesto
A perderte.
Si subes a mi lomo, ven dispuesto
A estar a solas con mi amor ingrato
Sin juez al lado que revoque nuestro
Matrimonio.
Si subes a mi lomo, ven dispuesto
A no poder bajar de mí algún día.
Mi corazón de peces será tuyo.
Me entregaré a tu monta
y me gozarás intensamente.
Pero no subas a mi lomo si no estás
Dispuesto a deslomarte manteniéndote
Subido a mi lomo.
Mar azul, mar negra
La mar que besa los cuerpos
En las calientes arenas,
La mar de los pescadores
Y la mar de los poetas.
La mar esclava entre rocas,
La mar libre de la playa,
La mar que acuna los barcos
Y la mar que los batalla.
La mar de las aguas claras
Y la de costas y puertos
En donde vierten los hombres
Su codicia y sus desechos.
La mar tranquila, calmada,
Y la mar brava y cruenta.
Las dos mares de la mar:
La mar azul y la negra.
Mi niña
Murmullo de olas
Le canto a mi niña,
Pequeña barquilla
Que en mi amor navega.
De tanto quererla
Y poco reñirla,
Se toma la vida
A risa y a broma.
Como se lo hago,
No quiere aprender.
Mi niña: has de ser
Mañana mi barco.
Desengaño
Los días marchados
Del blanco pañuelo,
Izado en su mano,
Que me recibía,
Hacia el horizonte,
Lleno de tristeza,
Dirigí mi barco
Sin volver la vista.
Allá, mar adentro,
Con la mar a solas
Y escuchando al viento
Que lo conducía,
En algún momento
Me sentí persona.
¡Todo el puerto estaba
lleno de mentiras!
Pañuelo en el agua
Mi barco de vela.
Pañuelo tirado,
Que nadie cogía.
Pañuelo extendido
Que, al salir del puerto,
Había jurado
Que no volvería.
De roca y arena
Apariencia de gélida roca,
En las yemas te vas deshaciendo
De mis dedos. Te abrazo, te tiendo
Y me bebo la miel de tu boca.
A mi piel, que, desnuda, te toca
Y te abrasa cual cántaro hirviendo,
Tu respondes amando y gimiendo
De manera fantástica y loca.
Moriría, cariño, de pena,
En tu cuerpo feliz navegante,
Si algún día me fueras ajena.
Que preciso gozar, tierno amante,
De tu cuerpo de roca y arena,
Como el agua del mar incesante.
Lo mucho que me llevo
De la lonja no me llevo
Pescado, me llevo versos.
De la mar, nada me llevo:
Lo llevo todo por dentro.
A la música del agua
Resonando en mis oídos,
A su imagen en mis ojos
Y, en el corazón, amigos.
“¡Hasta siempre!”, me despido
de vosotros en el puerto
y, aunque vacío, no valgo
con lo mucho que me llevo.
En el horizonte
Allá, donde se acaba
La mar.
Allá, en el horizonte.
Adonde sólo llegan
Los buenos pescadores.
¡Allá, mirad allá!
Es un lugar lejano,
Pero se alcanza el cielo
Con sólo dar un salto.
Allá, donde termina
La mar, donde se esconde
El sol.
¡Allá! ¡Llegad allá
y quedaos con Dios!
JÓVENES POEMAS
La promesa
Una promesa no se hace
Con palabras
Hermosas, imposibles,
Que son nubes... vacías.
Una promesa existe
Mientras podamos
Mirarnos cara a cara
Y echar una sonrisa.
Si ha de quedar algo
Nacemos de la nada.
La luz, la juventud.
Nunca tenemos nada.
Se apaga la luz
Y no tenemos nada.
Si ha de quedar algo,
Que sea... juventud.
Si ha de quedar algo,
Que nos quede la luz
O no nos quede nada.
Cargar la juventud
Luchad por vuestros sueños con fuerza. La virtud
De las cosas sencillas, sinceras, poseed.
Mostraos como tierra que se siembra y sabed
Que los frutos maduran al sol con lentitud.
Superfluo, de los hombres, su grueso o su altitud.
Medid sus corazones, sus sueños y su sed.
La savia de la sabia de la vida bebed
Y hasta la sabia muerte cargad la juventud.
Efímera
Pasaba y, por tenerla, no hice caso.
Dejé, sin darme cuenta, que pasase.
Después, apresurado, llegué tarde,
Hallándola en el borde de su ocaso.
Hermosa de vivir, ¿por qué te has ido,
Si no te aproveché ni me avisaste?
Calló, siguió pasando y, al mirarme,
Me vi, flor del ayer, envejecido.
Para siempre
Que sólo tú la puedes
Aprovechar.
Que no la das,
La tiras.
Que si la dejas pasar,
No vuelve.
Escrita en el cuerpo
Comúnmente:
Juventud aparente.
Puedes
Hacer
De ella
Situación interior,
Palabra impresa,
Dique contra el tiempo.
Si no fuera por ti
Si no fuera por tu vaso de besos,
Si no fuera por tus pechos de pan,
Yo no resistiría
Tragar y tragar y tragar.
Si no fuera por el cielo de tus ojos
O por la luna negra de tu pelo...
Si no fuera por la ropa de tu risa...
Si no fuera por el aire
Que nace en tus movimientos...
¡yo no resistiría!
Si no fuera por el fuego de la cama
Y por la calma de después de hacerlo,
¿para qué seguir tragando
más veneno?
No hay cárcel
No hay cárcel peor que ésa
De vuestro peso y altura,
Ni peores cadenas
Que las que vuestras manos os proporcionan.
Volar,
Atravesar montañas,
Navegar los mares...
Eso se puede hacer desde la cárcel.
¡Soñad! ¡Imaginad!
Aunque os muráis de hambre,
Encarcelados en vuestra figura.
Rafaeldedi@hotmail.com