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Sunday, July 20, 2008
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Jose Juan Martinez Ferreiro (Galicia 1961)  (Spain)
Modified By Libertad  on 2/17/2008 8:16:50 PM)

José Juan Martínez Ferreiro

poeta_ferreiro-opt.jpg

 Es Licenciado en Biología por la Universidad de Santiago de Compostela y trabaja como Profesor de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Biología e Geología desde 1993. Actualmente y desde el año 2000 imparte en el IES Vilar Ponte de Viveiro.

"Empecé a escribir poemas desde edad muy temprana, 14 o 15 años; participando en Revistas escolares o de ámbito local. Desde aquella, mi actividad literaria se organiza en períodos de activa producción con otros de inactividad total. Ahora llevo tres o cuatro de años de trabajo literario, más o menos continuado; en los últimos meses muy activo"

En 1988 ganó el premio Feliciano Rolán organizado por la Diputación de Pontevedra y el Ayuntamiento de la guardia con el trabajo “Temporalidad”.
En 1989 obtuvo el 2º premio en el citado certamen con “Desistir de las Playas”.
En el año 2001 fué finalista con la obra “Canchales” en el certamen “Fernando Ledesma” organizado por el Concello de Viveiro (LUGO).

Ha participado en otros concursos ámbito nacional e internacional cómo: “Loewe”, Gerardo Diego”, “Leonor”, “Esquío”, etc… así mismo ha aportado algunos poemas en varias antologías poética:  Libro de poetas (2004), Libro de poetas (2005) Experimento poético (2006)

Su obra poética la tiene reunida varios poemarios (todos inéditos): El hombre inacabado, Latitudes imaginadas, Los vidrios de la orquesta, y algunos otros colecciones de poemas de título aun no definido

Selección de Poemas

 

Visiones en el anfíbol

 Acaricio el calor de tu cuerpo

y adentro de tu vientre embarazado

siento lejano un mar primigenio.

Orbita allí una voz temblando yerma,

mientras se multiplican las cromátidas,

                            miran y retan al dios

―¡nosotros somos los dioses!, gritan.

La latitud nublada de las aguas

amortigua el clamor.

La lluvia se levanta

como una gran cortina verde, donde

la mirada gotea ―suave y lúcido―

un rocío de círculos disímiles

―cosas de la retina, luces grises,

sueños de la materia.

              Se extiende una gran ala

que acoge sólo los misterios míos

en la proximidad de una distancia

atroz y melancólica,

prendida de gardenias de oro

―tumbas de la luz donde vierten

todas las brasas jóvenes.

 

Yo sé que en ese ojo de las formas

crece el muérdago y yace

calcinada la piedra solar, que es

                               anfíbol puro

―tetraedro imperfecto de silicio y oxígeno.

 

 

La afirmación de tu nombre devuelve la vida

 

Viviste mientras habitó

un recuerdo ancestral

aquel pozo de aguas apacibles,

en donde el tiempo era una anguila,

             creciendo su cuerpo

como una fuga irremediable

―la culpabilidad de la renuncia

una traición de cruce equivocado.

 

Ahora nada existe en tu entorno,

sólo un ligero aroma de tiempo,

                                         lento

como el vagar cansino de una nube al Sol.

Una lágrima como una fruta exprimida

espera derrotarte con la implacable furia

de un río extenuado.

 

¿Será verdad ese hielo del ojo,

su soledad perpetua,

su deshabitado silencio?

 

¿Será posible

una licencia de abordaje

cuando la causalidad del árbol

                                  decida ser pez

en un fondo de amor sin argumento?

 

¿Será cierta una devolución desde el olvido,

un flash-back de la carne hacia un cuerpo que fue,

la frialdad encrespada de una visión

lloviendo hacia el mar?

 

La afirmación de tu nombre devuelve la vida.

 

Reanimo los términos impuros

de lo que he sido

y me abandono en brazos de la llama del "siempre",

―instante perdurable del cuerpo incombustible

vida del afuera,

     de los otros,

siempre renovados.

 

Sobre la estribación de un sueño,

un traje gris roído,

anochecido y turbulento.

De pronto, cegadora y fabulosa,

la última piel, la blanda luz

sostenida a secar en ese abismo eterno.

                             Hasta el límite

somos la reclusión de lo perdido,

esgrimiendo palabras

con alas y plumaje de trigo

que amarillea un aire de sabrosas espigas.

¿Cómo es posible un pan ávido y cruel

si él mismo duerme abdicando inútilmente?

 

Fantaseas ileso

por eso eres sombra azulada.

Tu boca podría contener el mar,

un cielo comprimido y nocturno;

cantiles de marfil

verticales a un paladar real

y estrellas quizá posibles.

 

Hoy arde el aire.

Te cito sin ruido

al humo blanco de un instante

y al mar tranquilo de mis sienes.

Reposa tus peces, sosiega aquel reflejo;

                          muy lejos de nosotros

una llama muestra su piel de leopardo.

 

 Tu ojo está en el Sur

 A Pilar y Alonso

 

La contienda integral

del pensamiento duele como un vientre

o aquellas branquias de una idea nítida.

 

Ácida noche este amargo germen,

                         este estío cegado a pie de ola.

Es limo entre los dedos este impúdico tiempo

―se hunde como raíz en todo el mar,

                cual tránsito de pájaros

volando lentos en la tierra oscura,

como un fondo de vino amargo o lengua

rasante en una espalda de granito.

 

                     Me queda sólo el Sur,

ese fragmento de espesor fantástico.

El territorio mítico y remoto.

Tórrido Sur de sangre

y permanencia súbito de ese ojo

de Sol duro ―pupila inacabable.

Mar de pez único de nácar crudo

                ―animal transparente,

diana de luz o dardo de luz llena.

 

En todo ojo está aquella estación,

                el lagarto sediento.

Está el peso del pensamiento.

Toda la barahúnda de los cuerpos.

Minerales que abren la piel fresca,

               la blanca sangre, el dios.

Fragmentos del olvido.

Canchales destrozados

desde la altura de los tiempos

                                ―brasas.

 

Poética

 

Sentimos en un mundo, pensamos, nombramos en otro,
podemos establecer entre ambos una concordancia,
pero no colmar el intervalo. Era un poco de ese intervalo,
esa falla, lo que yo había tenia que franquear...
Marcel Proust ("Por la parte de Guermantes")

 

Hemos de rastrear adentro de las cosas

para percibir su velado espacio,

su interna catadura.

                      La costumbre nos ciega.

 

Los sentidos nos llevan muy lejos de la rosa.

Apreciamos su ardor,

el color, su perfil…

         pero el silencio,

su sorda dolencia,

su soledad,

nos aleja y angustia.

La comtemplación ha de suspenderse

frente a ella, en un soplo

infinitamente perplejo.

                                     Desde ahí accedemos

a la luz de unas manos que la crean de nuevo

―con una intuición antigua―

                                           entera y diferente.

Es un cambio de estado en el espíritu

―solidifica y lo contiene todo,

                         como el ámbar

capturando un insecto.

 

 


El templo de Eunate

 

En la planicie desterrado,

el templo es un reflejo inexorable.

La mañana cubre como un sudario

la curva de las bóvedas.

 

Estancia altiva, impávida y alumbrada sin ímpetu.

Tallado en la maleza de piedra,

un temblor se propaga,

arriando la penumbra

con un resplandor de sigilo antiguo.

Un taller de negruras sella como un sepulcro

la nerviación rosada de la aurora.

 

Allí dentro se comban los suplicios.

 

Un recelo calizo

me despeña la sangre,

me incendia el sudor en la flor de las manos

           —diez pétalos agónicos, 

dos magnolias de carne abierta.   

 

Presencias de aras soterradas

forjan este recinto, 

tamizando una luz

duplicada de presagios,

exfoliada en los siglos

por las intersecciones de símbolos secretos,

                                    de dioses fascinados.

 

Surcos y arrecifes de la memoria

fructifican con cuajo silencioso y secreto,

fermentando su azúcar

en los lamentos de la tierra amarga.

 

El corazón del hombre yace aquí,

                   embrujado y solemne.

 

 


La luna embriagada

 

Rimbaud in memoriam

 

Se presenta en las noches fulminantes,

derretidas en una lengua ácida

donde habita un pez quieto,

                      y maquillado

el tiempo abre

la palabra remota;

donde se extiende un lecho herido de placer,

     sangre que se desborda,

excesos de....

 

El barco ebrio

y el África inhóspita será el destino final.

Una Sed de arena le lleva.

Cabellera de potro.

Torbellinos azules en los ojos.

Dientes blanquísimos.

Cara morena.

Bravata de mandril.

Ternura de carne…

 

¡La roja escena de la letra!

 

¡Por favor!

¡El pasillo!

¡La puerta!

¡El abrazo!

La luz de poesía,

                  libre la sien ,

de pie en el mostrador...

 

¡Oh tú, la primera luna embriagada! 

 


La Ejecución

 

Desde Granada subimos a Viznar..........
.....―Lo mataron a él, decía la mujer, pero aquí mataron a otros muchos,
a tantos, a esos que ahora nadie ya recuerda. ―El ya no es él, le dije.

 Es el nombre que toma la memoria, no extingible, de todos.
José Ángel Valente

 

Bruscamente, la noche ha regresado.

 

Latitudes de hiel,

gárgolas tenebrosas,

negras bocas aceran la gruta de los sueños.

Las Keres de la muerte

se arrojan en calesas ardiendo

a los cauces del cielo.

          Es tiempo de verdugos;

escorzos de caoba

brillan en sus torsos demudados;

su sed de sangre

resplandece en las armas.

Las víctimas esperan

―corderos tiritando a la intemperie.

                          Un espesor de aire

se corta en rebanadas.

Las fieras se alborotan

y esperan su comida

enrejadas tras postes de bambú.

                    Abajo, la herrería;

en su rojos infiernos

los yunques encendidos

gritan sus quejas al vacío atardecer.

La cruz de una veleta

brilla con la luz frágil de la luna.

 

Desde la galería

―púrpura iluminada―,

abierta a la extinción de las adelfas,

los tulipanes ―petulantes―

farolean en tarros de cristal

henchidos de agua turbia.

 


Precámbrico
 

Fundar un precipicio de la luz

en la pureza de un pozo blanquísimo;

eternas geometrías, cristales cegadores,

                                              inertes

pero bellos en ciclos y ascendencias.

Fundar el tiempo mineral

destilado de espacios,

           y el emboque de las linternas

abriendo heridas sin estigma.

 

Astro puro, imposible;

sagrado porque es polvo,

esencia despeñada en el abismo. 

Campanario azul, tuétano del sonido.

Curvatura escarlata que al moverse

rompe arcas muy adentro.

 

Omóplatos de plenitud.

Ávidas lenguas

moliendo su saliva en el muslo del fuego.

                                        Nacedero feroz

en la clarividencia de las aguas primeras

―fantasmas que sacuden áncoras bajo el mar.

Hierro, oro, cobre; carne sola, única,

                   nunca, jamás mezclada.

Omnisciencia de Tierra.

en el Acorde espeso y virgen del Precámbrico.

Inacabada sinfonía arcaica

de la palabra mineral,

aún sopa primordial de mito y símbolos.

 

Volcán, grito imposible.

Lamento del que nace con dolores eternos

de la madre primera y última.

                             Ruidos de la Evolución.

 

 

      Que sea la palabra
 

                                  “La substancia del alma es la palabra;

                                   la palabra donde todas las cosas extensas y reales

                                   se encienden mutuamente y de nosotros"

                                    Luis Rosales

 

Que sea la palabra una esperanza eyaculada

en cruce de lo natural

con el temblor de lo inefable.

 

Que sea la palabra la que abrace la lágrima

que endulza al cuerpo en su marea.

Que sea el lienzo rojo

que se hunde en la piel traslúcida

               ―alga en el llanto innumerable.

 

Que sea la palabra un intervalo,

                           el enigma,

del equilibrio que confluye

en los vértices de tu mente.

La energía que allí mismo contenga

lo irremplazable.

                                 Mirad esa voz

como negra hormiga

que palabra a palabra avanza,

enmudece en los bordes del corazón,

y pronuncia en el mundo

                     lo necesario

para que una sombra tenga estrella.

 

Qué sea la palabra

quien abarque la ventana

en una intensidad

que dé al Sol

                .            la vida.

 

Que sea la palabra el tamiz

de los vínculos que abrazan 

la voluntad de respirar,

       la sed del aire solitario

en un borroso atardecer.

 

Que sea tu palabra quien abra el mar

y verás el secreto despiadado

de sus átomos ciegos.

 

Que sea la palabra el sahumerio

de una esencia soleada,

un horizonte sonreído

cuando el pinar, allá lejos, canta. 


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