
Sonia Cristina Sastoque Mejía, Lefaso,
nació en chía Cundinamarca. Estudió Comunicación social y Periodismo en la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Se ha dedicado a escribir desde muy joven explorando diferentes temáticas a nivel personal y social, entre ellas la prostitución infantil, el proxenetismo y el conflicto armado, razones que le motivaron a tomar la decisión de realizar una especialización en Planeación e investigación del desarrollo social, en la universidad de la Salle en Bogotá. Su vida ha estado enmarcada por los afectos hacia la vida militar; siendo corresponsal de guerra en diversas ocasiones, permitiéndole acertadas apreciaciones de la situación y el conflicto que vive su país. Ha sido Docente universitaria y asesora de imagen en campañas políticas; se ha desempeñado como jefe de divulgación y prensa en entidades como el Servicio Seccional de salud en Santander y en el Servicio De Aprendizaje SENA, en Valledupar; creó la oficina de divulgación en la central de abasto del norte de Bogotá CODABAS; ha trabajado en radio y ha colaborado en labores de información periodística en unidades militares. Esta poeta de corazón santandereano, lugar en que se crío y permaneció gran parte de su vida, está casada hace 15 años con su novio de toda la vida, madre de dos varones de 8 y 9 años y amante irremediable de su hogar, en el que se siente plena e identificada y desde donde dice canalizar su inspiración y tener la certeza, que al llegar a casa sus 3 amores, encontraran un beso y su compañía.

Este libro de Sonia Cristina Sastoque Mejia es un hermoso poemario de 202 paginas en presentación de lujo con un sentido contenido, donde la autora se pone en la piel de otros para decir la verdad que afecta a la sociedad ,esa misma que padece el secuestro, y el conflicto armado en su pais. De igual forma y revindica a la mujer en su rol de esposa y madre y se muestra con la certeza que las letras permiten desahogar y exorcizar el alma y es un opcion más para sanar los adentros
La esperanza falleció (El dolor del secuestro) Me muero de un dolor profundo, de un dolor que sale desde las entrañas. Me muero por un dolor ajeno, que ahora es de muchos. Me muero de las lágrimas que se originan en la aberración inexplicable y salvaje del secuestro. Me muero de ver cómo la esperanza falleció. Malditos todos; inhumanos y crueles, hijos del demonio, seres sin razones, ni amenes. Malditos, crueles y siniestros; ¿cómo han matado la esperanza de quienes por tantos años agonizaron en la noche, para nacer al amanecer, solo, con la única esperanza de volverles a ver?. ¿Cómo?, ¿por qué?, ¿con qué derecho se apropian de la vida de extraños y justifican lo inexplicable?. ¿Con qué argumentos estúpidos de poder, y tantas sandeces que nadie las quiere creer, han sembrado la tragedia y el dolor en el alma de tantos que como yo, no entendemos por qué la esperanza falleció?. Ustedes; señores poderosos de la tragedia y la insurgencia asesinaron a tantos hombres de noble conciencia.
Reflexión: La culpa no es del sillón; sino de la casada infiel. los malhechores no son los que les rescatan; son aquellos que les arrebataron su libertad y Honor. Te quiero aquí No sé lo que pasa por tu mente; hoy te quiero acompañar en tu larga caminata, me pongo en tus negras botas, te sigo sin rendir mis sermones. Estoy en ti; acompañando tus pasos, me propongo ser tu sombra, en esta noche tenebrosa. Te quiero aquí; con la aventura puesta en mi fortaleza, con la obsesión por ser tu centinela. Te quiero aquí; en donde estés, solo acompañando tu soledad, dando razones de peso a mi miedo para no dudar. Te quiero aquí; junto a mí, para poder huir de esta guerra que se adueña de tantas vidas, que asustan y aterran. Te quiero aquí; para ser tu sombra, tus botas, tu morral, tu cantimplora, o al menos, mi cielo, déjame ser tu subalterna. Te quiero aquí; en mí, para poder dormir al fin sin la sospecha, que esta hostilidad nos va a herir. Que te mueras en mis brazos Están ahí; caminando hasta reventar, entre la miseria de lo desconocido, entre la belleza de lo natural. Están ahí; muriendo de frío, y a veces de calor, de los mil zancudos que se los comen sin interrupción.
Están ahí; por convicción o por obligación, llenos de preguntas por responder y miedos manifiestos. Maldita guerra, heredada de infames que le quitaron la tranquilad a generaciones venideras, envejeciendo vidas entre la selva y la miseria. Están ahí; con sus pies hechos llagas, con el miedo ajeno puesto para cumplir su faena. Están ahí; invisibles para tantos que viven felices y no saben dar gracias por quienes sonríen. Están ahí; mis héroes, los de verdad, aquellos que tienen nombre y apellido, que aman y son amados, pero que la sociedad ignora demasiado. Me muero en esta guerra de amor por verlo, de este sentimiento que se alimenta de recuerdos, que se conforma con los pensamientos, y se nutre de esperanzas y anhelos. Me muero en la guerra, con la certeza que me ama, que seguirás viviendo, sólo para morir en mis brazos. Estoy aquí; y te espero, te necesito, ansió decirte en tu cara: “te quiero, te quiero. Te lo juro mi cielo, mi héroe de ensueños”. Esta es mi hora Esta es la hora que amo, esta es la hora mía; donde soy, donde nadie manda en mí. Esta hora es mi plenitud; nadie grita, la soledad y la tranquilidad son compañía. Ahora en esta justa hora no doy órdenes, no suplico que cumplan, no debo ser mamá, no tengo porque ser esposa. Estoy plena, repleta de los mismos defectos que antes pero absolutamente perfecta para mí. Esta es la hora donde soy poeta, escritora y un poco loca, bohemia en las palabras. Aquí lloro con las letras y con los versos me perdono, en sonetos me hago soberana y sólo con desearlo, soy amada y admirada. Esta es mi hora, tanto, que quizás es un sueño porque me has dicho: “Te quiero”. Ayúdame a encontrarme Por favor, me busco; quienes me conocen pueden ayudarme. Me busco; estoy desesperada, necesito saber dónde quedé, no he perdido la memoria, no sufro de amnesia, no sufrí un accidente ni se borró el pensamiento. Ayúdenme a encontrarme; necesito saber dónde quedé, quien pueda, por amor a Dios, devuélvame a mí. El desespero se apoderó de este cuerpo que hoy poseo, la añoranza es la acusadora y la alegría la mayor ausencia. Quiero saber en dónde quedó el tiempo, donde me sentía grande, plena y soberana. Quiero saber en qué lugar habita quien se proyectaba a la vida, amando y siendo amada. Quiero saber dónde está esa mujer, convencida que sus derrotas eran pocas y sus triunfos un constante preexistir. Ayúdenme a ubicarme en esa alma que se alejó de mí, esa que sentía la plenitud en su gloria y se resistía a la derrota. Dónde estoy, por qué no dicen que pasó de mí, por qué estoy tan acongojada y muchas veces sin ganas de existir.