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Monday, September 08, 2008
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Sylvia Plath  (Spain)
Modified By Libertad  on 12/2/2006 5:28:42 PM)

Sylvia Plath

EEUU 1932-1963

PoetasylviaPlath.jpg

“El no ser perfecta, me hiere”, escribió Sylvia Plath en su Diario en 1957.  Sylvia fue una morbosa amante de la perfección.  Aquello o aquellos que  perturbaron la anhelada armonía de ese paisaje que ella se había prometido en el gran escenario donde sería la estrella sin competencia posible, caerían presa de sus versos, diseccionados con fruición.  Mas fue ella su presa perfecta.

Sylvia Plath (el 27 de octubre, 1932 - 11 de febrero, 1963) poeta norteamericana, novelista, escritora de relatos cortos y ensayista. El más famoso como poeta, Plath también se sabe para la campana de cristal, su novela semi-autobiográfica que detalla su lucha con la depresión clínica, desorden específicamente bipolar. Acreditan Plath y Anne Sexton con avanzar el género de la poesía confesional que Roberto Lowell y W.D. Snodgrass inició.         

Sylvia Plath escribió sus diarios desde los 11 años hasta una fecha cercana a su muerte, a la edad de 30 años en que decidio dejar a sus dos pequeños hijos -de tres y un año- dormidos, metió la cabeza en el horno y puso un punto final a su vida que no sólo no cerró su historia, sino que abrió una brecha que nadie ha sido capaz de llenar. El culto a esta poeta norteamericana, apasionada y frágil, contradictoria y brillante, no ha decrecido tras su muerte y el enigma de su fin ha provocado más de una docena de biografías, truncadas como su vida, descorazonadas como su obra. La intensidad de la vida y de la poesía de Sylvia Plath han hecho de ella un mito literario, que la tragedia de su suicidio, en la cima de su creatividad y belleza, no hizo sino cimentar. Su marido, Ted Hughes, fue acusado por muchos admiradores de Plath, de haber sido el desencadenante de su fin, de su suicidio pues aconteció al poco del divorcio entre ambos y segun admiradores de la poeta pudo ser debido al distanciamiento entre ambos. Él mismo supervisó una edición mutilada de estos diarios en 1982. Los diarios de Sylvia Plath (1950-1962), un volumen de mil páginas con las auténticas claves de una existencia deslumbradora y atormentada.

 

Empezó a escribir poesía de niña, estudió en la Universidad de Smith y, gracias a una beca Fulbright, en la Cambridge. Su primer libro, El coloso (1960), puso en evidencia la meticulosidad de su oficio y un estilo muy personal. Ariel (1965) está considerado como su mejor libro de poemas que, al igual que su poesía posterior publicada después de su suicidio, refleja un ensimismamiento y una obsesión por la muerte crecientes. Poemas completos (The Collected Poems), que ganó el Premio Pulitzer en 1982, fue editado por su marido, el poeta británico Ted Hughes, en 1981. La campana de cristal (1963), novela que publicó con el seudónimo de Victoria Lewis, es el relato autobiográfico del colapso nervioso de una joven. Su correspondencia, Cartas a casa, 1950-1963, preparada por su madre y publicada en 1975, ayuda a comprender sus fuentes de inspiración y su desesperación. Otras obras, publicadas póstumamente, son Cruzando el agua (1971) y Arboles de invierno (1972), ambos libros de poesía, y Johnny Panic y la Biblia de sueños, libro de cuentos. En 1982 se publicaron sus Diarios.

 

1982 Sylvia Plath (EEUU, 1932-1963) por The Collected Poems PREMIO PULIZER

 

Selección de Poemas

 

 

Papi

 

 

Ya no, ya no,

ya no me sirves, zapato negro,

en el cual he vivido como un pie

durante treinta años, pobre y blanca,

sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

 

Papi: he tenido que matarte.

Te moriste antes de que me diera tiempo…

Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,

lívida estatua con un dedo del pie gris,

del tamaño de una foca de San Francisco.

 

Y la cabeza en el Atlántico extravagante

en que se vierte el verde legumbre sobre el azul

en aguas del hermoso Nauset.

Solía rezar para recuperarte.

Ach, du.

 

En la lengua alemana, en la localidad polaca

apisonada por el rodillo

de guerras y más guerras.

Pero el nombre del pueblo es corriente.

Mi amigo polaco

 

dice que hay una o dos docenas.

De modo que nunca supe distinguir dónde

pusiste tu pie, tus raíces:

nunca me pude dirigir a ti.

La lengua se me pegaba a la mandíbula.

 

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.

Ich, ich, ich, ich,

apenas lograba hablar:

Creía verte en todos los alemanes.

Y el lenguaje obsceno,

 

una locomotora, una locomotora

que me apartaba con desdén, como a un judío.

Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.

Empecé a hablar como los judíos.

Creo que podría ser judía yo misma.

 

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,

no son ni muy puras ni muy auténticas.

Con mi abuela gitana y mi suerte rara

y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,

podría ser algo judía.

 

 

Siempre te tuve miedo,

con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa

y tu recortado bigote

y tus ojos arios, azul brillante.

Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú...

 

No Dios, sino un esvástica

tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.

Cada mujer adora a un fascista,

con la bota en la cara; el bruto,

el bruto corazón de un bruto como tú.

 

Estás de pie junto a la pizarra, papi,

en el retrato tuyo que tengo,

un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,

pero no por ello menos diablo, no menos

el hombre negro que

 

me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.

Tenía yo diez años cuando te enterraron.

A los veinte traté de morir

para volver, volver, volver a ti.

Supuse que con los huesos bastaría.

 

Pero me sacaron de la tumba,

y me recompusieron con pegamento.

Y entonces supe lo que había que hacer.

 

Saqué de ti un modelo,

un hombre de negro con aire de Meinkampf,

 

e inclinación al potro y al garrote.

Y dije sí quiero, sí quiero.

De modo, papi, que por fin he terminado.

El teléfono negro está desconectado de raíz,

las voces no logran que críe lombrices.

 

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:

el vampiro que dijo ser tú

y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,

siete años, si quieres saberlo.

Ya puedes descansar, papi.

 

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,

y a la gente del pueblo nunca le gustaste.

Bailan y patalean encima de ti.

Siempre supieron que eras tú.

Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada

 

 

 

EL COLOSO 

 

Nunca podré reunirte íntegramente,

juntar, pegar, articular como corresponde

Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos

provienen de tus grandes labios.

Peor que en un corral.

 

Quizá te consideres un oráculo,

portavoz de los muertos o de algún dios

Yo llevo treinta años esforzándome

por limpiar de fango tu garganta

y no he aprendido nada.

 

Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol

me arrastro como una hormiga enlutada

por los campos cubiertos de maleza de tus cejas

para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar

los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.

 

Un firmamento azul de otra Orestíada

se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo

eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.

Aquí meriando, en una colina de seres siniestros.

las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven

a su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.

 

Se necesita más que un rayo

para crear tanta ruina.

Algunas noches me acurruco en la cornucopia

de tu oreja, a salvo del viento,

 

y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.

Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.

Mis horas se desposan con la sombra.

Ya no escucho más el roce de la quilla

contra las sordas piedras del embarcadero. 

 

   

 

 

DANZAS NOCTURNAS 

 

 

Una sonrisa tuya cae en la hierba

y se pierde para siempre.

 

¿Y dónde se extraviarán

tus danzas nocturnas? ¿En las matemáticas?

 

Saltos y espirales tan puros-

sin duda recorren

 

eternamente el mundo, y no me quedaré

despojada de belleza: el don

 

de tu pequeña vida, tu olor

a pasto mojado cuando duermes, azucenas, azucenas

 

que no pueden compararse con tu carne.

La cala, los fríos pliegues de su ego,

 

y el lirio, embelleciéndose a sí mismo-

manchas, y un despliegue de pétalos ardientes.

 

Los cometas

tienen que atravesar tanto espacio,

 

tanta frialdad, tanto olvido.

Así se desvanecen sus gestos-

 

cálidos y humanos, y luego su luz rosada

sangrando y desollándose

 

a través de las amnesias negras del cielo.

Por qué me son otorgadas

 

estas lámparas, estos planetas

que caen como bendiciones, como copos de nieve

 

hexagonales, blancos

sobre mis ojos, mis labios, mis cabellos

 

rozándome y fundiéndose.

En ninguna parte.

 

 

   

  

Lady Lazarus

 

Lo logré otra vez,

Me las arreglo —

Una vez cada diez años.

Especie de fantasmal milagro, mi piel

Brillante como una pantalla nazi,

Mi diestro pie

Es un pisapapel,

Mi rostro un fino lienzo

Judío y sin rasgos.

Descascara la envoltura

Oh, mi enemigo,

¿Aterro acaso? —

¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?

El apestoso aliento

Se desvanecerá en un día.

Pronto, muy pronto, la carne

Que la tumba devoró

Se sentirá bien en mí

Y yo una mujer que sonríe.

Tengo sólo treinta años.

Y como gato he de morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.

Qué desperdicio

Eso de aniquilarse cada década.

Qué millón de filamentos.

La multitud mascando maní se agolpa

Para verlos.

Cómo me desenvuelven la mano, el pie —

El gran desnudamiento.

Damas y caballeros.

Estas son mis manos

Mis rodillas.

Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.

La primera vez que sucedió tenía diez.

Fue un accidente.

La segunda vez pretendí

Superarme y no regresar jamás.

Oscilé callada.

Como una concha marina.

Tenían que llamar y llamar

Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/

Morir

Es un arte, como cualquier otra cosa.

Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago para sentirme hasta las heces.

Lo ejecuto para sentirlo real.

Podemos decir que poseo el don.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.

Muy fácil hacerlo y no perder las formas.

Es el mismo

Retorno teatral a pleno día

Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal

Y divertido:

'Milagro!'

Que me liquida.

Luego una carga a fondo

Para ojear mis cicatrices, y otra

Para escucharme el corazón –

De verdad sigue latiendo.

Y hay otra y otra arremetida grande

Por una palabra, por tocar

O por un poquito de sangre

O por unos cabellos o por mi ropa.

Bien, bien, está bien HerrDoktor.

Bien. Herr Enemigo.

Yo soy vuestra obra maestra,

Su pieza de valor,

La bebe de oro puro

Que se disuelve con un chillido.

Me doy vuelta y ardo.

No creas que no valoro tu gran cuidado.

Ceniza, ceniza —

Ustedes atizan, remueven.

Carne, hueso, nada queda 00

Una barra de jabón,

Una alianza de bodas.

Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer

Cuidado.

Cuidado.

Desde las cenizas me levanto

Con mi cabello rojo

Y devoro hombres como el aire.

 

 

  

 

LA LUNA Y EL TEJO

 

Esta es la luz de la mente, fría y planetaria.

Los árboles de la mente son negros. La luz es azul.

Las hierbas se lamentan a mis pies, como si yo fuera Dios,

hiriendo mis tobillos murmuran su humildad.

Espirituosas brumas humeantes habitan este lugar

separado de mi casa por una hilera de lápidas.

Simplemente no puedo ver si hay un sitio adónde ir.

 

La luna no es una puerta. Es una cara por derecho propio,

blanca como un nudillo y terriblemente turbada.

Arrastra al mar detrás de sí, como un crimen oscuro;

y está en calma

con el bostezo en O del total desencanto. Yo vivo aquí.

Dos veces cada domingo las campanas sobresaltan el cielo-

ocho grandes lenguas afirmando la Resurrección.

Finalmente, ellas proclaman con sobriedad sus nombres.

 

El tejo apunta hacia arriba. Su forma es gótica.

Sus ojos se elevan por sobre él, y encuentran a la luna.

La luna es mi madre. Ella no es dulce como María.

Sus vestiduras azules sueltan pequeños murciélagos y lechuzas.

Cómo desearía creer en la ternura-

el rostro de la efigie, dulcificado por las velas,

inclinándose, sobre mí en particular, con ojos indulgentes.

 

¡He caído tanto! Las nubes están floreciendo,

azules y místicas sobre el rostro de las estrellas.

Dentro de la iglesia, los santos serán todos azules,

flotando con sus pies delicados sobre los bancos fríos,

sus cabezas y sus caras rígidas de santidad.

La luna no ve nada de esto. Ella es calva y salvaje.

Y el mensaje del tejo es negrura -negrura y silencio. 

 

 

  

FIEBRE: 39,5º

 

¿Pura? ¿Qué significa eso?

Las lenguas del infierno

son torpes, torpes como las triples

lenguas del torpe y obeso Cancerbero

que jadea en la entrada. Incapaz

de eliminar de un lengüetazo

la crisis febril, el pecado, el pecado.

La yesca clama.

El olor indeleble

de una vela que se apaga!

Amor, amor, el humo a baja altura ondula

a mi alrededor como las bufandas de Isadora, y temo

que una de ellas se enganche y ancle la rueda.

Esos taciturnos humos amarillos

crean su propia atmósfera. No se elevan,

se arrastran en torno del globo

sofocando a los ancianos y a los mansos,

sl débil

bebé del invernadero en su cuna,

a la lúgubre orquídea

que cuelga en el aire su jardín colgante,

demoníaco leopardo.

La calefacción la tornó blanca

y la mató en una hora.

Untando los cuerpos de los adúlteros

como una ceniza de Hiroshima, y consumiéndolos.

El pecado. El pecado.

 

Querido mío, toda la noche

estuve fluctuando, encendiéndome, apagándome.

Las sábanas llegan a pesar como el beso del libertino.

Tres días. Tres noches.

Agua con limón, agua

de pollo, el agua me da arcadas.

 

 

AMAPOLAS EN JULIO

 

Pequeñas amapolas, llamitas infernales,

¿es que daño no hacéis?

 

Se apagan y reviven. No puedo tocarlas.

En su fuego pongo las manos. Nada se incendia.

 

Contemplarlas me consume

Llameando así, su rojo ajado y brillante como piel

de alguna boca.

 

Una boca recién ensangrentada

pequeñas faldas sangrientas!

 

Hay efluvios que no puedo asir.

¿ Dónde están tus opios, tus asquerosas cápsulas?

 

¡Si pudiera desangrarme y dormir! -

¡ Si pudiera mi boca unir a una herida así!

 

Oh, vuestros líquidos rezuman en mí, cápsula de vidrio

Apagándose y aquietándose.

 

Mas, sin color, sin color. Descoloridamente.

 

 

   

 

HOMBRE DE NEGRO

 

Reciben el ímpetu

Y se amamantan de la mar gris

 

A la izquierda y la ola

Abre su puño contra el elevado

Promontorio alambrado de púas

 

De la prisión de Deer Island

Con sus cuidados criaderos,

Corrales y pastos de ganado

 

A la derecha, el hielo de marzo

Abrillanta aún los pocitos en las peñas,

Acantilados de arenas penetrantes

 

Se levantan de un gran banco de piedra

Y tú, contra esas blancas piedras

Caminabas en tu ófrica chaqueta

 

Negra, negros zapatos, cabello negro

Te detuviste allí,

Detenido vértice

 

En la punta lejana,

Afianzando piedras, aire,

Todo ello, al unísono.

 

 

 

 

    

 

DADDY  (otra version traducida)

 

Ya no me quedas no me calzas más

zapato negro, nunca más.

Allí dentro vivía como un pie

durante treintaitantos años, pobre y blanca,

sin atreverme a respirar ni decir achú.

 

Papacito he tenido que liquidarte.

Estabas muerto antes de que hubiese tenido tiempo

Pesado como mármol, talega llena de Dios,

estatua lúgubre una sola pezuña parda

Grande como un sello de San Francisco.

 

Una sola cabeza sobre el caprichoso Atlántico

Donde derrama granos verdes sobre el azul

Aguas afuera de la hermosa Nauset.

Me acostumbré a rezar para que volvieras.

Ach, du.

 

En la lengua alemana, en el pueblo polaco,

Raídos, nivelados por la aplanadora

De las guerras, las guerras, las guerras.

Pero el nombre del pueblo no es extraño.

Dice mi amigo el polaco.

 

Que hay más de una docena

De modo que no puedo acertar dónde

Tú pusiste la planta, tu raíz,

Yo nunca pude hablarte

Se me pegaba la lengua al paladar.

 

Se trabó en una trampa alambrada de púas

Ich, ich, yo, yo.

Apenas si podía hablar,

Creía que todo alemán eras tú

Y el obsceno lenguaje

 

Una máquina, era una máquina

Insultándome como a una judía.

Otro judío a Dachau, Auschwitz, Belsen.

Como judía empecé a hablar

Y pienso que muy bien judía puedo ser.

 

Las nieves del Tirol, la cerveza de Viena

No son tan puras ni tan auténticas.

Con mi linaje gitano y mi extraña suerte

Y mi mazo de Tarot, mis cartas de Tarot

Muy bien puedo ser algo judía.

 

Siempre te he tenido a ti

Con tu Luftwaffe, con tu glugluglú,

Y tu recortado bigote

Y tu ojo ario, azul celeste.

Hombre-panzer. Oh, tú...

 

No Dios, sino una esvástica

Tan negra que ningún cielo podría cernirse.

Toda mujer adora a un fascista,

la bota en la cara, el brutal

brutal corazón de una bestia como tú.

 

De pie estás en la pizarra, papi,

En la fotografía que tengo de ti,

Una hendidura en la barbilla

En vez de en tu pie.

Pero no menos demonio por eso, no,

No menos que el hombre de negro.

 

Que puso freno a mi lindo y rojo corazón

Tenía diez años cuando te enterraron.

A los veinte intenté morir

Y regresé, regresé a ti

Pensé que hasta mis huesos volverían también.

 

Pero me sacaron de la talega

Y me reconstruyeron con goma.

Y entonces supe qué hacer.

Hice un modelo de ti.

Un hombre de negro con aire de Meinkampf.

 

Amante del tormento y la deformación

Yo dije sí, sí quiero.

Así, papito, he terminado al fin.

El teléfono se arrancó de raíz,

Las voces ya no pueden carcomerme más.

 

 

He matado a un hombre, he matado a dos

Al vampiro que dijo ser tú

Y bebió de mi sangre todo un año,

Siete años si quieres enterarte,

Papito, puedes descansar en paz ahora.

 

Hay una estaca en tu negro, burdo corazón,

A los aldeanos nunca les gustaste.

Están bailando y zapateando sobre ti,

siempre supieron que eras tú

Papito, papito: escúchame bastardo, acabada estoy.

 

 

    

 

CANCIÓN DE AMOR DE LA JOVEN LOCA 

 

"Cierro los ojos y el mundo muere;

Levanto los párpados y nace todo nuevamente.

(Creo que te inventé en mi mente).

 

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,

Sin sentir galopa la negrura:

Cierro los ojos y el mundo muere.

 

Soñé que me hechizabas en la cama

Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.

(Creo que te inventé en mi mente).

 

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:

Escapan serafines y soldados de satán:

Cierro los ojos y el mundo muere.

 

Imaginé que volverías como dijiste,

Pero crecí y olvidé tu nombre.< mente). mi en inventé te que>

 

Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;

Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.

Cierro los ojos y el mundo muere.

(Creo que te inventé en mi mente). " 

 

   

 

LÍMITE

(El último poema que escribe, la víspera del suicidio:)

 

 

La mujer alcanzó la perfección.

Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,

la apariencia de una necesidad griega

fluye por los pergaminos de su toga,

sus pies desnudos parecen decir,

hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,

uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.

Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;

así los pétalos de una rosa cerrada,

cuando el jardín se envara

y los olores sangran de las dulces gargantas

profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse,

mirando con fijeza desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.

Sus negros crepitan y se arrastran.

 

-

 

Sylvia Plath

La campana de cristal (fragmento)

 

" Tenía que estar pasándomelo en grande, tenía que estar ilusionada como las otras chicas, pero no conseguía reaccionar. Me sentía quieta y vacía como el ojo de un tornado, moviéndome sin ninguna fuerza.

(...)

También recuerdo a Buddy Willard diciendo, con una seguridad siniestra, que una vez que me casara me sentiría diferente, que no iba a querer seguir escribiendo poemas. Entonces pensé que quizá fuera verdad, que cuando uno se casaba y tenía hijos era como un lavado de cerebro, y que después una iba por el mundo sedada como un esclavo en un estado totalitario. "


Libertad