Viento verde, la edad. Cesa, quiebra las uñas,
la pelambre relaja y malgastan recuerdos
Fantasía concluida, aniquilada.
El obligado sobrepeso; sordo,
errante, taciturno
se hunde gris, como el tiempo nebuloso,
sin nosotros jamás haber nacido
príncipes con destinos y quimeras
de puertas y ventanas infinitas.
¿Quién rasgará las abatidas tablas?
los aplanados calendarios, los decaídos ciclos,
silenciosos, estoicos, que, de tan peregrinos,
vierten en desaliento nuestras vidas
Como un rumor lejano, desligamos anhelos
que hierven y asustados nos amordazan
al vacío insultante de la soledad.
(casi no te conozco tras los años
que juntos compartimos)
¿A qué hora romperán los días su armonía?
Lunar, tú pides cercanía. Exiges extensión,
adentrándote fría en la distancia.
Versadas en los humos de la cordura,
en su descaro, soplan a mi paso
las caras asfixiadas de los árboles.
Entre rachas de aire, silbo. Tal vez
regresarán espejos de miradas cómplices,
para que nadie diga, jamás diga
que en este lecho hundido no hay consuelo,
que no nos abrazamos
ni nos incendiamos
el alma de los pies heridos
© Alonso de Molina |
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