| Queda una colección de pájaros disecados/
de los proyectos que fueron luminosos,/
y del deseo que ardió las rojas sábanas/
aún persiste un fuego apenas tibio./
He llegado por un camino de rosas pétreas/
a este paraje donde el tiempo se detiene, /
mas los ojos se obstinan en un cielo de sueños/
y me quedo estatua ante las nubes que pasan./
Sólo la visión del océano apacible/
me arranca una sonrisa agazapada/
y conjuro en la memoria oscurecida/
el abismal pasado para ordenarlo./
Por las calles de dentro ulula el viento/
y todo esfuerzo por levantar las farolas/
en las solitarias avenidas del alma/
es un intento en el que pierdo... ¡otro sombrero!
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