Contemplar desde el tiempo el susurro tenaz,
la amistad que derrama el pacto de las horas
y el concierto del agua que párvula desciende
desde el transcurso incierto de las estaciones
a un destino sediento;
llegas, danza anunciada, despertando la fibra
como tierno reptil que a nuestro paso exhorta
el justo y terrenal lamento de los árboles;
te apresura el camino a lograr sensaciones
que esperabas sentir y azorado recurres
al impúdico pecho que nos prestó la vida
y parco, la reclama.
No calma este silencio, esta supuesta paz
que el abandono erige en germen iniciático
y duele el desamor que desviste a la tierra
de sus panes y peces, de la sal de la vida,
transmutando en desierto la escarcha y la memoria.
Cada misterio prende un alma a sus enigmas
y congregan sus miedos los chakras irredentos;
óvulo, rojo cieno, arrodillado al tiempo,
las penúltimas células de un arquero glorioso
y a nuestros pies,
la historia que se excluye de la vida
.
© Alonso de Molina |
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