.
*"Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí".
En ese instante, me gustaba verla llegar.
Observaba la danza de su rapto hacia mí
incendiando los pasos, las bocas y las calles
con su ardor insolente de albor arrebatado,
reclinando la fe con evidentes gestos
entre risas procaces invitando al delirio
que como soplo ciego sucumbió a la imprudencia
díscola, insurgente, de las horas virtuosas.
Era mujer desnuda sin sus espurios dioses,
serenada en los fuegos que provocan ocasos
y por amor nos llama a despeñarnos rotos
en la eternal presencia de la oración herida;
camino indiferente, humillando caricias
como un atardecer furtivo, atrapado
y ausente de caderas mis manos se comprimen
rompiendo la caricia que conduce al altar.
Glacial, lamo la sombra que esculpe su mirada
y maldigo su cuerpo que oculta las pasiones;
su oración, un cuchillo apuñalando al deseo
*Santa Cecilia. Cecilia de Roma
© Alonso de Molina |
|