YO SABIA
Yo sabía que tanto silencio no podía ser bueno
que el pez al ataque va con o sin red
que la distancia es elástica y azota
cuando se la fuerza
aunque sea para bien.
Yo sabía que lo obvio
tarde o temprano resplandece
o efervescente se desborda
hasta la duda otra vez.
Asimismo,
que el rayo determinado y ardiente
posee desde siempre
al complaciente cristal
interpuesto, sinuoso, virginal
o que el tiempo cuaja desfalleciente
crucificado bajo alfileres en fotos
agobiado por el polvo
e indiferente cae vertiginoso
desde siempre sin querer.
Sabía que esa aparente paz
era un resorte descomunal
comprimiéndose más y más
para escapar resuelta, desorbitada
sin planear dónde anidar
gigantesca, certera ola de mar
inconciente por lo demás.
Lo supe y comprendí
que mi velocidad contrastaría
con su ausencia
con su equidistante eco
hasta el mas allá .
Entendí a su vez
que existe un equilátero triángulo perfecto
trastocado, equivocado, inconsistente
que las ecuaciones ingrávidas se divierten
danzan, se mueven
con los amores frustrados
y con los perfectos también.
Yo sabí a que tanto silencio no podía ser bueno.