La casa materna
todavía eleva su fuente,
su voz,
a las capas de pintura
su empeño blanco
su modo de agua su escondite,
vive su gesto, otorgado escenario
repleta de escudo y saliva.
Levantó el luto,
el celo en sus paredes
canjeando espejos, brisa temprana
nuestros siseos rompiendo el alba.
Pasó la Luna de madrugada
sigilosa por los pasillos
con hilo de alabanza.
La palma de nuestras manos
no agota los vasos
del que bebieron galáctica
de luceros sin sueño
café con leche morena,
dedal creciente
de trenzas casa despierta.
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6/7/2008