CEREMONIA DEL VIENTO
Son estas calles, las que recorro
Y con ebriedad etérea desciendo,
Esgrimando besos en los árboles,
Invisible, para evitar que me huyan
Las caracolas y los delfines.
Me inclino, sobre la hoguera
Íntima y cálida de sus tejados,
Esbozando a latigazos mi nombre,
Una gota de hielo aveces me acompaña
Cuando los céfiros entre la niebla lloran.
Aúlla, gime, brama mi canto ambulatorio,
Y prodigo mi presencia a gritos, silbidos constantes,
Acaricio los recónditos espacios,
Nada queda excluido de mi amor.
Me elevo en la inmensidad, espiralando,
Palabras, la espuma del agua,
Retazos de alguna historia.
Retorno en los años, siempre el mismo cuerpo,
Solitario,
Me sirve de testigo algún velero anclado
Que acuna la luna con mi arrullo.
Vivo en una habitación sin límites
Donde el ramaje danza conmigo,
Y la mística presencia de las sílfides
Se arremolina en un soplo,
Recordándome, que no tengo derecho
A robar el azul del cielo.