No hay magia que esconda
la línea repetida del camino ancho
donde la mano apareció tendida.
Primero fueron silencios
devorados por distancias
y entre uno y otra
se filtra la desgana.
En un velo sesgado
rebota el instante
copia de mil vanidades.
El barro esculpe la misma figura
mostrándose única a diferentes ojos.
El óleo azul repite verbos
impregnados del mismo amanecer
en que danza el café sobre la imagen.
Hoy cuando el labio es iceberg
vuelve la puerta a su oxido de años
y el hierro opaco impide tempestad alguna
que profane el eco enmudecido.
Noches de espera transcurren
en las afueras del sentimiento
galopan búhos y cielos consecutivos,
cuencos que atrapan tobillos,
mareas de un mismo río.
Desfile de camisas blancas
y corbatas anudadas
en esferas de tiempo compartido.
Las agujas ya no marcan un reencuentro
enmudece los segundos
bajo oleos de un mismo verbo.
M.S.S.