RETRATOS
Afuera, los retazos de sol
aún abrazan las calles.
El aire tibio cede el paso al viento.
Eleva el grito de sus motivos
estremeciendo las ventanas
con su pena huracanada.
Sin embargo,
el hogar apacible, ofrenda
la calidez de sus enladrilladas paredes,
como si supieran ellas
la división de los renglones, el pensamiento
y las lágrimas en dos.
Nada evitó que me envuelva
en la locura adolescente del poeta.
El amado retrató su nombre en mi pecho,
arranqué las raíces de la sangre,
y volé con el corazón exaltado a este hogar
donde la lluvia no traspasa los cristales.
Afuera, el viento
aquí, la página en blanco
para escribir la nueva historia,
apuntando afectos en rostros nuevos
que cobijan mis dudas sin mucho preguntar,
y secan el llanto que nace
y muere en la distancia.
Rostros de mujeres
que aún con la huella de la escarcha
tienen los abrazos desbordando de ternura.
¡ah si supieras!
Cuan transparente tienen la mirada
que cuando ríen se iluminan, mas...
si lloran, su pena te traspasa.
No ha pasado mucho tiempo
con mi nombre en sus sonrisas
y el de ellas tejiéndose en mi alma,
mas parece, que llevamos años
compartiendo sin prisa la libertad
de amar y ser amadas.
Las mujeres del estrecho
renacen cada día en la aurora
con la lluvia y con la nieve,
llevan sus huellas el aroma
del calafate y la empanada.
La primavera es eterna en sus hogares
ellas acuarelan los jardines
con tulipanes y rosas,
y el perfume de sus cercas se confunde
con las formas grises de la estufa.
Afuera, el viento
y en mi silencio
disfruto frecuentando aquel lugar,
donde las risas confabulan
para espantar la nostálgica rutina.
Ese espacio creado por ellas
que reconcilia su intimidad con el mundo,
entregándose completas, reinventándose en los versos
de la prosa, del poema.
¿Cómo puedo explicar que entre ellas
me he sentido menos fragmentada?
¿Que mis gajos extranjeros que no se descifraban
se hallaron en su entorno?.
Afuera, el viento
enlisto las caras, las manos
el corazón abierto como se abren
las flores a los colores de la mañana.
Acudiré a sus voces y miradas,
y en lo cotidiano de las cosas
recordaré la sencillez del puente,
que desde el etéreo mundo
se tendió entre nosotras.
Afuera, el viento
y dentro, bautizaré: cada espacio de aire
renovando el aura del austro.
¡Maruja¡
La risa naciente en el silbido
de la brisa magallánica,
y que sienta sus besos de agua
en los pétalos de su nombre
¡Rosa¡
La quietud de las hojas
atardeciendo en la pampa
enverdece y amarilla
en sus manos
¡Miriam!
El llanto acrisolado del celeste manto
diamantando sus reflejos
en el pacífico estrecho
¡Ruth!
Las palomas replegando sus alas
níveos besos algodonados
en el río, sobre el árbol,
escarchando cadenciosos en la calma.
¡Enedina!
El esplendor del fuego
irrumpiendo en la armonía
rezumando sus brazos dorados
en la intangible transparencia del agua
¡Maura!
Sábana celeste,
los copihues se elevan cubriendo a la luna,
y tu rocío se extiende sobre el horizonte
reverberando la mañana.
¡Nora!
Afuera, el viento
sin embargo,
mis retazos completos
frecuentan el espacio sin límite
en el que re escriben la historia
las Mujeres, y las manos
que antes fueran extranjeras
Homenaje a las mujeres de la Patagonia.
Eliana Patricia Arteaga.