Ese verso de Martí.
Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca
y para aquel que me arranca
el corazón con que vivo
cardos ni espinas cultivo
cultivo una rosa blanca.
José Martí.
Me mira con sus ojos de puñal,
el cómplice, espía que me persigue.
Me escucha eternamente y me sigue;
micrófonos me han puesto un caudal.
No tengo privacía, violencia tal
que pega diariamente no consigue
que doble mi cerviz. Tal vez mitigue
su rabia que mi sueño sea infernal.
Me vigila cual fuera delincuente,
se siente policía en un penal.
Me apena su obsesión de cancerbero.
¿Qué teme que yo haga el inocente?
Soy más predecible que un fractal.
¿Me teme?, mas ¿por qué? si yo lo quiero.
Ingenua aún yo espero
que entienda aquella rosa que le di
envuelta en ese verso de Martí.
26 de septiembre de 2007.
Luciana Rubio.