POESÍA
¡Ay! que en ella, yo, me pierdo
y la acuno en mi tristeza,
más del mundo y su vileza
queda tan solo un recuerdo
cuando los labios me muerdo…
No es muy grato, ni bonito,
tampoco es un farolito
en mi corazón doliente;
que se muera el insolente
que arruinó mi cofrecito.
Donde celosa guardaba
las alegrías del alma,
y terminó con la calma
de calicanto y aldaba
que con amor archivaba.
Sin ningún remordimiento
me dejo en abatimiento
y entre tristeza, y abrojo
a los silencios me acojo
aunque vaya a paso lento.